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Autoridad no es influencia

La autoridad está vinculada a la asignación de un cargo formal en una estructura, (autoridad formal) o a la asignación de credibilidad y confianza por la gente dadas las características que se han observado en el comportamiento consistente del autorizado (autoridad informal).

Contar con autoridad formal (el jefe) para el ejercicio del liderazgo puede ser una ventaja, siempre que se asuma con estrategia su alcance y utilidad.

En todos los casos, lo que habitualmente se espera de la autoridad (formal o informal) es siempre lo mismo:

  • Dirección: claridad en los objetivos y metas, así como en la forma de abordarlos.
  • Protección: identificación clara de las amenazas y clarificar las formas de eliminarlas.
  • Orden: orientar a las personas, controlar el conflicto y mantener las normas.

Al tener autoridad formal (jefe), la asignación de poder es inmediata, y la seducción de asumir el rol de movilizar a las personas por la vía del poder es muy alta por dos razones:

  • Las personas buscan en la autoridad las respuestas a todas sus dudas, con la idea de que sean solucionados sus problemas. En ese sentido, la autoridad actúa como si tuviera el poder de un imán, una fuerza de atracción ante la incertidumbre que genera la inminencia de los cambios sobrevenidos en el grupo.
  • “El jefe” se acomoda en el rol de dar las respuestas, ya que se refuerza su poder, se convierte en una persona indispensable y centra toda la atención sobre sí mismo.

Es un círculo vicioso.

¿Por qué esto puede ser un problema? Porque de continuar por esta vía, la movilización que la autoridad genere vendrá dada únicamente por el poder asignado al cargo más que por las respuestas comprometidas de la gente. En otras palabras, se confunde el ejercicio del liderazgo con la aplicación seca de la autoridad formal. Los resultados finales tienden a ser pobres, y los grupos tenderán irremediablemente a repetir los mismos problemas en el futuro.

Los ejercicios de liderazgo eficientes están íntimamente relacionados con el cambio, y en ese proceso resulta imprescindible que las personas asuman la necesidad de aprender nuevas herramientas, incorporar nuevos repertorios de comportamiento y asumir en todo caso que, durante el ejercicio del liderazgo, ellos son parte del problema y también parte de la solución.

El mero uso de la autoridad para movilizar a otros, (además de una tentación) es una de las principales causas del fracaso del liderazgo. El foco de la actividad en el ejercicio del liderazgo eficiente, está dirigido a promover el trabajo de adaptación necesario en la gente.

La autoridad formal y su aplicación directa, puede convertirse en una seria limitante en el ejercicio del liderazgo. El verdadero objetivo es influir en el sistema para que adquiera los aprendizajes necesarios y que se enfrente con éxito a las nuevas exigencias de un entorno que no ofrece más que cambios. Y ese es un proceso que las personas deben afrontar por sí mismas para alcanzar nuevos y mejores niveles de funcionamiento.

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