Con frecuencia escuchamos hablar de comunicación y de información en contextos que denotan que el hablante se refiere a uno y a otro términos como si se tratase de sinónimos, cuando en realidad no lo son, a pesar de que exista entre ellos una estrecha vinculación, una consistente relación de interdependencia.
No son sinónimos, argumentamos, porque se puede informar sin comunicar, es cierto, pero no se puede comunicar sin informar. Los estudiosos del asunto han querido marcar la diferencia, en especial en el caso de los órganos periodísticos tradicionales, a los que se les suele denominar como medios de comunicación.
¿Son en realidad medios de comunicación? ¿Comunican los llamados medios de comunicación? Si consideramos que esos medios tradicionales se caracterizan por ser unidireccionales, la respuesta es no, esos medios no comunican. Lo que sí hacen (y muy bien) es informar a sus audiencias. Son medios informativos.
La comunicación incluye información, datos que fluyen en dos sentidos, en un continuo con roles equivalentes e intercambiables: el del emisor y el del receptor de información convertida en mensajes por las partes. Distinto que informar, comunicar exige la presencia simultánea de actores que se reconocen como tales.
En el caso de las exposiciones que se hacen con la presencia de otros individuos en el mismo recinto, la diferencia entre informar y comunicar es aún más marcada y dramática, porque una presentación de negocios, una exposición pública sobre cualquier tema, es, en esencia, un clarísimo acto de comunicación.
En una presentación ante una audiencia no basta con informarla. Es necesario ir mucho más allá. Hay que saber qué se desea lograr y actuar en consecuencia para agregar valores emocionales a los contenidos informativos. Cuando se despierta reacciones en el otro, y se perciben de inmediato, informar pasa a ser comunicar.
