“Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”, es la definición del verbo mentir que incluye el Diccionario de la Academia Española de la Lengua. Según este enunciado, no miente quien dice lo que cree, aunque la cosa en la que se cree sea ciertamente una mentira. Si creo que es verde (aunque no lo sea) y lo digo, no es mentira. Si sé que es verde, y digo que es rojo, miento.
Mentir es, pues, un acto consciente, deliberado, y, en consecuencia, una falta a los valores y principios que deben normar las acciones de los seres humanos. La dimensión de lo ético es inherente al acto en sí, y no puede ser considerado un atributo circunstancial, en función del logro de tal o cual cosa.
¿Es buen médico quien induce a un paciente a una operación quirúrgica a sabiendas de que hay otros procedimientos no tan riesgosos (y económicamente menos costosos)? ¿Es buen ingeniero quien acepta, a cambio de lo que sea, que se reduzca la cantidad indispensable de cabillas en el encofrado de la estructura de un edificio?
¿Es un buen comunicador aquel que miente? ¿Cuáles son los puntos que debe calzar alguien para ser considerado como un buen comunicador? ¿Qué tenemos que hacer para que se nos tenga como buenos comunicadores? ¿Qué es lo que ve y siente quien piensa que alguien merece ese calificativo?
¿Fue Hitler un buen comunicador? Serge Cosseron, autor de “Las mentiras del Tercer Reich”, dice que el ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, afirmó que “En el nacionalsocialismo todo es tendencioso porque todo tiende hacia un objetivo predeterminado, un fin preciso. Todo está sujeto a ese fin, y lo que no le sirve es eliminado sin piedad y sin escrúpulos”.
Si todo lo que no sirve para lograr un propósito debe ser eliminado “sin piedad y sin escrúpulos”, según Goebbels, es decir, según el propio Führer, mentir viene a ser un pecado menor, cuya comisión no debe preocupar a nadie. En ese contexto la mentira es uno más de los instrumentos que podemos usar para conseguir lo que queremos, puesto que el fin justifica los medios.
Una cosa es comunicar lo que se quiere, por todos los medios posibles, para lograr lo que se desee (la palabra comunica, el dinero comunica, las armas comunican, la extorsión comunica, la amenaza comunica, la falsa promesa comunica, la mentira comunica), y otra cosa es ser un buen comunicador.
Hitler y los de su especie eran, o son, individuos que hacen buen uso de la comunicación. Pero desde el punto de vista ético, no pueden ser considerados buenos comunicadores, ni buenos nada, salvo excelentes criminales, que es la condición por la cual se han ganado con mérito su lugar en las páginas de la historia.
