Las pausas agregan valor al sentido de las ideas. Ocurre con frecuencia, sin embargo, que muchos de quienes se dirigen al público, presionados por el curso del tiempo, deciden hablar a alta velocidad, y por eso no pueden hacer las pausas que la audiencia necesita para entender mejor lo que se les está diciendo.
El Diccionario WordRefrence.com, dice que una pausa es un “Silencio de duración variable que delimita un grupo fónico o una oración y signo ortográfico que lo representa: la coma indica una pausa.” En materia musical, un “Intervalo breve y signo que lo representa: hay que respetar las pausas del pentagrama.”
Ni el texto escrito, ni el discurso oral, ni la música serían comprensibles, si carecieran de momentos de silencio de duración variable, según la circunstancia y el sentido de lo que se quiere comunicar. Las pausas ponen de manifiesto el respeto que se tiene por el otro, por su necesidad de pensar en lo que oye, o lee.
Hacer pausas entre ideas durante el discurso, o entre segmentos de significado autosuficiente de esas ideas no sólo incrementa el nivel de compresión de quienes lo escuchan, sino que permite al orador organizar mejor sus pensamientos y expresarlos en oraciones breves, claras, directas y sencillas.
En el discurso oral se establece una armoniosa relación de complementariedad entre el orador y su público, y entre la pausa verbal y la conexión y desconexión visual. Los mensajes que el orador desea comunicar a sus audiencias deben ser descompuestos en oraciones completas que expresen cada una su significado.
Cada una de las ideas, que sumadas las unas tras las otras integran el contenido que el orador desea transmitir, deben ser claramente dirigidas a los ojos de los miembros de su audiencia. La pausa que produce la búsqueda del próximo destinatario de la siguiente oración agrega valor al discurso y eleva la atención de las audiencias, que entienden más fácilmente el significado del discurso.
