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El libro abierto de las manos

Imagine el lector que presencia detrás de una puerta de vidrio una conversación entre dos hombres. Ambos tienen las manos en los bolsillos de sus pantalones y no hacen gesto alguno con ninguna parte de su cuerpo. El único movimiento que se observa es el que se produce alrededor de sus bocas mientras hablan, pero no se oye lo que están diciendo.

¿Es posible encontrar alguna clave para “adivinar” el contenido de esa conversación? Quizá lo que más pudiéramos atrevernos a decir es que se está produciendo un intercambio neutro de informaciones sobre algún tema que no despierta emociones intensas en ninguno de los dos, y es evidente que al menos no se están insultando.

¿Sería lo mismo si en esa conversación, de la que no podemos oír ni una sola palabra, uno de los dos participantes, o ambos, estuviesen moviendo las manos de arriba abajo, hacia los lados? ¿Si se mostraran las palmas de las manos? ¿Si señalaran al otro con el dedo índice de su mano derecha? ¿O si las tuvieran “amarradas” en la zona genital?

Con las marcadas diferencias gestuales que existen entre las diversas culturas que pueblan nuestro planeta, las manos suelen jugar un papel muy relevante en el contexto de la comunicación humana. Son un poderoso complemento que enriquece los contenidos verbales y generalmente facilita la comprensión en la mente de quien recibe los mensajes.

Existe una eficiente conexión mental y emocional entre nuestras manos y la intención que nos mueve a transmitir un contenido cualquiera. Una buena manera de ilustrar esta afirmación es preguntarnos si es posible explicar cómo se llega a un sitio en particular sin que nuestras manos señalen hacia el punto cardinal donde se ubica ese destino.

Además de acompañar y acrecentar el significado de lo que queremos comunicar, las manos también revelan nuestros estados emocionales: Cerradas, tensión. Juntas en posición de ruego sobre la boca y nariz, preocupación. Haciendo presión sobre la boca,  autocensura. Rasgándonos la nuca, duda. Frotando la nariz, desaprobación, desacuerdo.

“…las manos están maravillosamente articuladas. Se pueden lograr setecientos mil signos diferentes, usando combinaciones de movimientos del brazo, de la muñeca y de los dedos” * , sostiene Flora Davis, quien también afirma que “A lo largo de la historia ha habido lenguajes de signos que realmente reemplazaron a las palabras”.

 *DAVIS, Flora. La comunicación no verbal. Alianza Editorial S.A. Madrid, 2000. Página 113. 

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