Hace pocos días tuve la oportunidad de presenciar las elecciones en España, normalmente en democracia, quien tiene la mayoría gana y es del entendimiento común que los espacios deben abrirse en reconocimiento de la mayoría, sin embargo, el sistema parlamentario español requiere de ciertas mayorías, que no logró el ganador de la elección popular para formar gobierno; y es aquí cuando las negociaciones comienzan entre las fuerzas políticas para lograr un acuerdo en función de la gobernabilidad de un país.
Un día le pregunté a un taxista que por qué no se ponían de acuerdo quienes representaban la mayoría y la mayor minoría. Su respuesta fue inmediata, “es imposible negociar”.
En negociación se habla de dos tipos de negociaciones, las confrontativas y las colaborativas. Ahora, ¿quién define si una negociación es colaborativa o confrontativa? Hay condiciones objetivas que lo pueden determinar, pero lo peor es cuando eso lo pretende definir una de las partes, en este caso quien no ganó la mayoría.
Si bien en democracia la mayoría define al ganador, es necesario la negociación y el consenso para lograr un acuerdo en función del beneficio de todos, pues si bien.
En el caso español quien no logró mayoría, sembró en la mente de sus seguidores que no es posible negociar y desarrolló una percepción que lleva a una situación confrontativa, en la que predominan más los intereses de un sector.
Este es un caso típico de cómo se generan mayores conflictos, cuando no se entiende que egoístamente hablando el objetivo no es ganarle al otro ni someterlo a mi voluntad. En democracia o en cualquier organización empresarial o social, es clave la búsqueda de los intereses comunes y entender que la alternabilidad y el consenso son indispensables para logar lo que hoy llaman la perdurabilidad del proyecto.
Si algo siempre es posible y necesario es negociar y no rendirse a caer en la trampa de quienes pretender manipular; hay que tomar la iniciativa y mostrar opciones, es decir presentar propuestas concretas posible que muestren caminos de acuerdo, siempre bajo la legitimidad de los intereses de la mayoría y del sistema que les permita convivir con base a los intereses y necesidades de las mayorías y no de los intereses particulares de actores de turno.
Presentar opciones posibles, que satisfagan los intereses de otros sectores desde el punto de vista colectivo, demuestran y persuaden no solo a la contraparte sino a otros factores con intereses parecidos al suyo. No caiga en la trampa de quienes cierran las opciones de acuerdo, presente las suyas de manera clara y persuasiva.
