¿Cuáles son las fortalezas, debilidades y oportunidades (en lo personal) que nos permitirán mantener interacciones óptimas y aumentar nuestro poder para influir y movilizar a los demás en un mundo en donde la telemática es la forma habitual de conectarse con otros?
Nuevas rutinas, retos del liderazgo.
Nos encontramos de pronto con nuevas rutinas para el ejercicio del liderazgo y para los que siguen ese ejercicio. Se abre una ventana de oportunidades para afinar las destrezas que son características de un liderazgo eficiente en un entorno diferente, con mucha interacción remota:
- ¿Cómo escuchar las voces de la disidencia?
- ¿Cómo mejorar mi comunicación con todos cuando resulta tan necesario y los medios han cambiado?
- ¿Cómo se manejarán los temas ocultos dentro de las organizaciones (los de “pasillo”) si ya no existen ni siquiera las limitaciones físicas?
- ¿Cómo se manejarán los cambios promovidos desde los sectores más bajos de la jerarquía organizacional?
- ¿Cómo se transmitirá la necesidad de emprender los cambios adaptativos para nuevas formas de operar?
- Todo cambio genera evasión al trabajo. ¿Aumentará la evasión de responsabilidades y la distracción de la atención en las organizaciones?
- Habrá un reto aun mayor de lo que ya era: ¿Cómo darle dirección a la atención de la gente a distancia? (Mantener el foco)
El futuro y el foco
Así como se ha recomendado reestructurar las rutinas dentro de la familia durante la crisis (con la idea de aumentar la colaboración en casa) algo similar debe fortalecerse en las organizaciones. Ese reto tiene que ver con involucrar a la gente con sus ideas creativas para adaptarse a nuevos horarios, formas de trabajo, responsabilidades, etc.
Nuevamente, un asunto de interacción social: unos, forzando y tratando de darle una estructura al cambio necesario y otros, intentando adaptarse a las nuevas condiciones. Es un trabajo en doble sentido, porque nadie tiene la respuesta precisa que acabe de una vez con la ansiedad que generan los cambios y las crisis duraderas. La incorporación de la gente en la generación de soluciones creativas, resulta indispensable. Y esa es una destreza relacional.
Un ejercicio de liderazgo eficiente supone, primero que nada, la capacidad para mirar más allá. Una mirada larga. ¿Quién es la persona que tiene esa capacidad en las organizaciones? Encontrarla es preciso, y no siempre coincide con los altísimos niveles jerárquicos. En todo caso, esa destreza resulta imprescindible para que la organización adquiera mayor foco y transmita con claridad sus objetivos en los tiempos de cambio profundo. Mantener el foco se convierte en un reto principal, ya que, en tiempos de crisis, es muy probable que se cuestione de manera constante la forma en que estamos abordando esos objetivos que se han identificado con metas concretas.
