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Lo normal es sentir miedo escénico

El miedo escénico es la respuesta natural del cuerpo a una situación en la que los seres humanos producimos cargas emocionales de alta intensidad. Se trata de una emoción que experimentan quienes se enfrentan al público, lo mismo que quienes forman parte de la audiencia, aunque en estos últimos la gradación de esa emoción es en general menor.

Hay muchas y muy válidas razones que explican el por qué experimentamos miedo escénico, pero quizá la que tenga mayor peso sea el hecho de que quien va a hablar en público tiene muy clara conciencia del enorme riesgo que va a correr, y que de su desempeño, bueno o malo, dependerá la imagen que de él se forme la audiencia.

El expositor se siente presionado por sus propias exigencias: quiere hacerlo bien, quiere recordar lo que preparó, quiere lograr un objetivo, quiere que la audiencia no pierda su tiempo, quiere convencerlos a todos, quiere demostrar su calidad profesional, quiere lucir bien, no quiere equivocarse, quiere ser coherente, quiere tener éxito y ganar simpatías.

Al mismo tiempo, sabe que la audiencia también tiene sus expectativas y exigencias, y que suele ser severa en sus apreciaciones. Todo eso también lo presiona: la audiencia quiere aprovechar el tiempo al máximo, quiere participar en una actividad enriquecedora, espera información útil y que el expositor se comunique claramente, quiere pasarla bien.

Por otro lado, y quizá porque probablemente le ha ocurrido anteriormente, teme experimentar nuevamente reacciones somáticas incómodas y nada deseables: sudoración, rubor, dificultad para respirar, temblores, escalofríos, malestares gástricos, taquicardia, visión nublada, cambios corporales de temperatura, sequedad bucal.

Todas estas sensaciones se confabulan en contra del propio expositor, cuyo desempeño como comunicador se resentirá, verá mermada su eficiencia, y, quizá lo peor, transmitirá una imagen equivocada de su calidad profesional. Podemos decir, en consecuencia, que el miedo escénico es una reacción natural. Lo normal, pues, es tener miedo escénico.

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