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Si no te veo no existes

“No te veo, luego no existes”, pareciera ser lo que mueve a muchos a evitar la confrontación visual con el otro. Es una táctica que utilizan aeromozas, cajeros de bancos, docentes, taquilleros, mesoneros, oficiales de aduanas, etc., para no tener que responder como el otro quisiera a sus requerimientos.

Esa evasión contiene un poderoso mensaje de desconocimiento de la presencia del otro, que a veces llega a ser una ofensiva demostración de menosprecio: “Como tú no estás allí, no me podrás importunar con tus preguntas”. Esa conducta visual va aparejada de una expresión facial similar.

Las personas sabemos dónde está puesta la atención del otro. Cuando el otro nos ve directamente a los ojos nos sentimos tomados en cuenta, valorados, y experimentamos una estimulante sensación de relevancia que nos impulsa a abrir y a mantener conversaciones francas y significativas.

Muy por el contrario, cuando el otro dirige su mirada hacia un destino distinto de nuestros ojos, nos sentimos marginados, que su atención está puesta en otra cosa. En situaciones de este tipo solemos reaccionar instintivamente: reclamamos verbalmente (lucha), o nos quedamos en silencio (fuga).

La manera más eficiente de conectarse con los demás es mirarlos directamente a los ojos. No cuesta nada hacerlo, les demuestra que estamos prestando atención a lo que nos dicen, que apreciamos su presencia, y que valoramos positivamente sus ideas, aunque algunas no las compartamos.

La conexión visual con el otro es casi siempre el primer paso en las relaciones individuales y en la interacción social. Las personas que evitan la mirada directa a los ojos de sus interlocutores suelen proyectar imágenes negativas y son percibidas como inseguras, desinteresadas, mentirosas.

Sin embargo, quienes utilizan la mirada como el primer puente de comunicación con el otro, son percibidas como personas en quienes se puede confiar. Y además de todo esto, cuando queremos transmitir nuestras ideas, los ojos del otros nos ayudan a organizarlas mejor en nuestra mente.

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